Muchos de los mensajes que nos llegan en el día a día nos recuerdan que la felicidad no es una meta, sino que es parte del camino; bien, hoy quiero compartirles que me siento tan feliz, que no se los puedo describir con palabras, me siento muy agradecida con el Amoroso Padre por cada día de vida que me ha permitido vivir, amar, compartir, soñar, decir te quiero, orar, poder ver bien, leer, volver a estudiar, ver videos o películas, disfrutar los deliciosos alimentos que Dianita me prepara con mucho amor, o los que comparto con mis otros dos hijos Jorgito y familia y Julianita cuando la vida nos ha permitido compartir tiempos juntos o cuando con las amigas nos reunimos a "adelantar cuaderno". A propósito de lo cual tampoco no he dejado de compartir con las amigas lejanas (esta semana me llamaron Stellita y su esposo desde Bilbao), las más cercanas y las muy próximas. Una de todas esas maravillosas mujeres que el Padre me ha dado como amigas y hermanas de camino, me ha compartido un escrito que me pareció muy hermoso y por lo tanto no lo puedo dejar de compartir con Ustedes queridos lectores: