Algunas veces cuando el dolor me agota y me deja de recoger a cucharaditas, me paraliza y quisiera no mover ni un dedo, para ver si lo siento menos, pero no hay tal, ahí está y debo mirarlo de frente para hacerle frente aunque a ratos me siento o incapaz o con deseos de salir corriendo, pero a dónde? no hay para dónde coger, entonces ni modo, debo buscar alternativas para manejar el dolor sin doparme, pues el estar dopada me aleja del vivir plenamente (es mi concepto personal, pero es muy respetable cualquier decisión que se tome al respecto). Un dolor físico muy fuerte puede despertar un dolor emocional pues hace que las emociones básicas de las que hemos venido hablando salten y nos dominen como por ejemplo la furia, pero claro como soy humana me puedo encender con la furia que algunas veces me desata tanto dolor; ponerme tan triste que si no la controlo me puedo deprimir; llegar a sentir miedo a todo, permitir que el fastidio por ese dolor tan intenso, me quite a ratos la alegría de vivir, pero entonces qué hago?, cómo lo manejo?, les comparto lo que he aprendido en mi día a día, batallándole al dolor que me causa el dragón.
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